Ata presenta su nuevo libro en Parla
El miércoles 29 de junio, a las 19,00 h. en la Sala de Conferencias de la Casa de la Cultura de Parla, Ata presentará su nuevo libro: "Historias contadas".

Pasaremos un rato agradable escuchando a Ata. No te lo pierdas. Entrada libre.
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Quién fue José Kowalski
¿Sabías que un sacerdote salesiano estuvo en un campo de concentración nazi y murió allí?
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José Kowalski es como una estatua antigua de Roma, viril y única, comida por los siglos en el Colosseo máximo. Kowalski está dispuesto a hacerlo todo, muy polaco y muy universal.Su cara, desde siempre, “le expresa”. Casi lampiño, la tensan desde dentro la ansiedad y la certeza. Kowalski disfruta de su ser y de su obrar cuando el huracán del nazismo se lo lleva al campo de concentración de Auschwitz. Allí es sólo el número 17.350. Precisamente porque no es viejo en vida, puede hacer ya de maestro y amigo crecedero entre los reclusos, y de salesiano que se va haciendo grande, completo, fácil y difícil ante nuestros ojos. En su agenda destaca todo un clamor de santidad: “No diré jamás basta”. En el aire dorado, que se fue haciendo gris, en la tarde color gentío, entre los carros de combate y los muertos, en ese embalse humano, secretamente sombrío, la angustia total de este santazo de Kowalski durante catorce meses de sufrimientos está a punto de estallar. “Para que sólo su flor viviese, pisotearon las nuestras”, dijeron las quejas mayas de otros verdugos en otras latitudes, en otros tiempos. Todo forma parte de un plan político de dominación y explotación bajo el que sucumben millones de personas.Campo de concentración de Auschwitz. El aniquilamiento y el terror progresivo engullen todas las esperanzas de salir de allí con vida. Kowalski se convierte en planetario que preside la fe de muchos, el zodiaco de colores y formas, de ruidos y de signos, improvisando oraciones y sacramentos en noches diurnas y en días nocturnos. Auschwitz. Todo un clima generacional, el tiempo como amenaza, el olor agridulce de los hornos como una sudoración, Señor; las chimeneas como globos con sus humaredas rojas y amarillas, quietas sobre tantas cabezas. El aire, ni alto ni bajo, total, impregnándolo todo, penetrándolo todo, un ensalmo de actualidad y muerte sobre la multitud, sobre la numerosidad. Auschwitz, la numerosidad de la muerte. José Kowalski, nuestro salesiano, “no dice jamás basta” y visita al enfermo, reza con los desesperados, se parte la cara por los más débiles, aúpa su consejo entre los más desorientados. Kowalski, ese chico liberador, cómplice, amigo, es el chico de muchos días, dios de muchos días, por su camiseta le asoman los moratones y por los calzones atazonados las heridas de tantas palizas. “Canalla, pisa ese Rosario”, le dijo el guardia. Para un sacerdote que responde a su realidad social y a su fe personal, pisar un rosario supone una afrenta. Desde el momento de su negativa la muerte vuela sobre él. El 3 de julio de 1942 sus verdugos le ahogan en la cloaca del campo de exterminio. También este camino de dolor lleva a Roma. Y Juan Pablo II definitivo, absoluto y rotundo, le declara beato, en Varsovia, el 13 de junio de 1999.Francisco Rodríguez de Coro José Kowalski -¿Y dónde estaba Dios cuando lo de Auschwitz…? -¿Que dónde estaba Dios…? Alguien lo vio en el campo de exterminio como una encarnación de la tristeza, traje de prisionero, de rayas siempre hasta los pies vestido, que, al fin y al cabo, el Verbo se hizo carne. Alguien lo vio, alma en vilo soñando entre los jóvenes, sin poder acercarse a su tarea; corazón siempre a punto de primavera y de misericordia. Alguien vio que crecía a sus pies un rosal como un rosario bien florido en sus manos cual gotas de rocío. El mismo que impulsaba su vida a derramarla cada día a darla cada noche como un fruto entre nubes de gas y de esperanza… Alguien lo vio afinando sus oídos hasta escuchar su nombre de metal fríamente pronunciado en la mañana aquella del cuarenta y dos… -“¡José Kowalski…!” ... Lo llamaban. Rafael Alfaro |
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Tomado del boletín salesiano de Junio 2011
José Kowalski es como una estatua antigua de Roma, viril y única, comida por los siglos en el Colosseo máximo. Kowalski está dispuesto a hacerlo todo, muy polaco y muy universal.
de dominación y explotación bajo el que sucumben millones de personas.
Para un sacerdote que responde a su realidad social y a su fe personal, pisar un rosario supone una afrenta. Desde el momento de su negativa la muerte vuela sobre él. El 3 de julio de 1942 sus verdugos le ahogan en la cloaca del campo de exterminio. También este camino de dolor lleva a Roma. Y Juan Pablo II definitivo, absoluto y rotundo, le declara beato, en Varsovia, el 13 de junio de 1999.


